lunes, 17 de julio de 2017

QUÉ GRANDE ES EL CINE


Un martes que se presentía lluvioso decidí ir con mi señora esposa a ver Baby Driver, a la sazón última película de Edgar Wright, director de la trilogía del cornetto que siempre me aporta un rato entretenido. A los quince minutos me quería ir de la sala.
Desde aquí decir que Jon Hamm habría sido mucho mejor Punisher que el llorica de Jon Bernthal
Y no porque la película sea mala. Quizá no sea de fácil digestión por su escaso diálogo y mezcla de música e imagen. Quizá no sea para todos porque se vende como un filme de acción cuando es más un drama romántico con muchos volantazos. Me parece una más que correcta película, pero el problema de ir al cine es que es algo que haces arriesgándote a pasar dos horas en una sala en compañía de otros seres humanos con los que es más grande lo que te separa que lo que tienes en común. La platea es como un muestreo, una placa de Petri de la sociedad. Y claro, ya decía Garci que “qué grande es el cine”. Pero con lo grande que es el cine, y para cuatro gatos que éramos en la sala, me fui a juntar con lo más granado de la sociedad bufaleña.
No va por ti, Chuck. A ti te respeto por la cuenta que me trae
No me gusta generalizar, pero para aquel que no esté ducho en lo que viene siendo la sociedad estadounidense y, más concretamente, el individuo "middle-class" bufaleño, me gustaría decir que el ciudadano local medio viene a ser así como tirando a bruto.  Más que bruto yo diría que dejado. Ser egoísta y así tirando a cortito es una mala combinación. Y más en un recinto cerrado.
¡Tranquilo Chuck, que era bromita!
En breve. Nuestra historia comienza con la llegada al cine a 5 minutos de iniciarse la película. Con la sala casi vacía (apenas cinco personas más en la sala) ocupamos nuestros asientos 7 y 8 en la fila E. Durante la emisión de los diversos tráilers ya observo que el tono de voz de varios de los presentes es elevado. Es bastante común la presencia de voceras en el cine y ya me voy acostumbrando, aunque no debería.

A punto de empezar la película, una señora con aspecto de no saber muy bien dónde está comienza a pasearse por delante nuestro. He de decir que estas salas tienen unos asientos reclinables muy cómodos y mucho espacio entre una hilera de butacas y la siguiente. La mujer decide sentarse al lado de mi señora esposa. Durante la persecución inicial de Baby Driver entra una familia y desplazan a la señora de su butaca. Ésta comienza a molestar a mi mujer indicando que está ocupando su sitio (cuando en toda la sala hay unas 50 butacas libres). Mi mujer discute con ella sabiendo que no hay lugar a error, pero lo buena señora incluye entre sus cualidades el ser bastante testaruda. Llegado el momento, la recién desplazada nos muestra su entrada. Asiento B7. Cuatro filas por debajo. La segunda fila para los que conocen el abecedario. Una vez asumido su error, en lugar de irse al B7 se sienta a mi lado. En conclusión, entre dimes, diretes y zoquetes nos hemos perdido la escena inicial.

Un poquito más tarde entra una familia al cine. Ya tarde. Llevamos un buen rato de película. La familia se trae un bebé que, obviamente, llora como un bebé al meterlo en una sala oscura y ruidosa. Y me jode. Hay que ser imbécil para ir al cine con un niño de menos de un año. Hay que ser miserable para que, cuando tu hijo llora, a ti te importe tres cominos la molestia causada en derredor. Pero ya hay que ser mierda y basura humana para tener a tu hijo llorando casi dos horas y no hacer nada por remediarlo. Cuando pasan estas cosas sale el Dr. Doom que llevo dentro y pienso, sinceramente, que hay gente que no debería tener derecho a procrear. Hala, ya lo he dicho. Fascista, dictador, lo que queráis, pero, ¿qué futuro le espera a ese muchacho con unos padres así? Al final Idiocracia tenía razón. Y cuando Dwayne Johnson llegue a la casa blanca se habrán cumplido gran parte de los pronósticos de la película. Cualquier día veremos cómo el representante de Carolina del Sur es callado a ritmo de ametralladora.
Si al menos Trump supiera bailar como Terry Crews
Sigue la película y me doy cuenta que mi nueva compañera de fila desprende un olor extraño. Como si un alce hubiese caído en un pantano y luego hubiese pasado dos días al sol. Ese tipo de peste de persona que va al gimnasio, se ducha y, aun mojado se pone la misma ropa con la que hizo ejercicio. Y he visto a gente que lo hace, no tengo tanta imaginación.

Así que la señora Alce almizclero, después de jodernos la primera (y espectacular) escena, se dedica a maltratar mi maltrecha pituitaria. No contenta con eso, la dama que quería su puñetera butaca por pelotas, se dedica a enviar mensajes de texto con el puñetero teléfono. Eso cuando está despierta. Cuando no, simplemente ronca. Y los ronquidos son en Dolby Surround porque el padre de familia que desplazó a mi querida y olorosa compañera de asiento también ha caído presa de Morfeo y ronca a pata suelta. Entiendo que habían venido a ver Fast and the Furious y no una historia de amor entre un chico autista y una camarera de bar de carretera.
Porque de eso va la película
Para cerrar el círculo, desde banda derecha me llega un olor, así como herbáceo, e inmediatamente pienso que me está dando un ictus y ya veo, oigo y huelo cosas. Niños dando voces, pantallas luminiscentes por doquier, ronquidos, cérvidos artiodáctilos pestilentes y ahora… ¿alguien se está fumando un peta en el cine? ¿Estamos todas locatis? Veo una luz naranja que procede de los asientos laterales y ya me rindo a la evidencia que demuestra que sobra mucha gente en el cine. Y puede que, en el global del globo terráqueo sobre mucha gente  si asumimos que, de entre las 15 personas que poblaban la sala, uno era un bebé inocente; dos unos padres sinvergüenzas; dos se estaban fumando un petardete; otra era incapaz de distinguir entre fila A o E y entre agua caliente y no agua en general; de la otra familia de 3 uno estaba KO; y por último mi mujer y yo fuimos tan idiotas como para aguantar dos horas allí sin cagarnos en Crom o irnos a la mierda. O ambas.

Me estoy volviendo un sociópata. Y gilipollas crónico. El otro día saqué entradas para el planeta de los monetes y resulta que las saqué para una fecha incorrecta con lo que me gasté 25 lolos para nada. No pienso ir a verla. Lo tengo clarinete ¿50 dólares en una película? Para eso tendrían que regalarme un Maurice en tamaño real y me da que no va a ser.
Fan absoluto
A la mierda el cine. Películas pirata. En casa. En mi sofá. Con esos precios y ese ambiente no merece la pena. Y si no cómics. Lean Y, el último hombre de Brian K. Vaughan y Pia Guerra. Si no lloran en el último número es que no tienen corazón. Eso sí, si hacen película, conmigo que no cuenten.
 
En Y también salen monetes

10 comentarios:

  1. Vaya. Menuda gentuza que os tocó en suerte en el cine; por desgracia, a veces toca aguantar a subhumanos. Deberían pasar un examen breve de inteligencia en la entrada para evitar micos como esos. Ahora estás encabronao, y con razón, pero recapacita cuando estén los nervios más templados, porque la de los monetos es para ver en cine. Y no te miento, hay varios primeros planos de la entrañable cara de Maurice aconsejando y apoyando a su amigo César. Eso lo tienes que ver en pantalla grande. Por cierto, lo que han avanzado los efectos visuales desde la primera de esta trilogía, el CGI apenas canta en lo referente a los monetes.

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    1. Ahora mismo es difícil convencerme. Soy muy particular cuando hago cagadas de este estilo. Y es que el cine está muy caro hombre.

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    2. Es una vergüenza, sí. Un atraco que te cobren nueve euracos por una peli. No sé cuánto serán 25 dólares, pero por ahí le andará, no?

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    3. Al cambio, dos personas son unos ventialgo euros. Mucho dinero. Te compras unas palomitas o algo de beber y ya hiciste el día.

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  2. Ahora le estoy dando a las novelas de Jo Nesbo y ya hay fecha para el estreno de una de ellas que te comenté por aquí: "El muñeco de nieve", que es muy "Seven"(la obra maestra de Fincher, todavía influyente, es increíble). Será en octubre. A ver si hay tráiler en breve. Ya han salido un par de pósters:
    http://www.imdb.com/title/tt1758810/mediaindex?ref_=tt_pv_mi_sm

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    1. El reparto es de campanillas, qué duda cabe. La temática me gusta y Alfredson dio una lección de como rodar en aquella escena de la piscina de "Déjame entrar".

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  3. Mira, dicho y hecho:
    https://www.youtube.com/watch?v=BF2Ksrxu_QY

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  4. Jaja, gran historia para no dormir, bueno, menos para la señora y el padre de familia de tu sesión de cine. Esta historia no cambia mucho por aquí, suele suceder lo mismo, sobre todo, en los días del espectador, fines de semana o en aquello llamado "día del cine" donde se humilla al espectador medio dejando entrar a la fauna de nuestra sociedad en una sala donde sólo hay una puerta abierta.

    Intento ir al cine los lunes, martes y jueves por la tarde y a ser posible cuando la película ya lleva unas semanas en cartelera y así la gentuza ya tiene otros planes. A parte, en según qué pelis, se añade a que me emociono mucho y debo ir al wc; y claro, no puedo parar la película sino agredo al señor del proyector. Por eso, últimamente la tele me da más alegrías.

    Un abrazo.

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  5. Amigo Wallace.
    A mí me pasa que antes de entrar a la película tengo que hacer pis, sí o sí. Manías que tiene uno.

    Yo, hoy por hoy, prefiero ver películas en pantalla pequeña. Esta semana iremos a ver Atomic Blonde y, en algún momento, iré a ver el planeta de los simios porque sé que debo verla en pantalla grande, pero reconozco que este tipo de situaciones me quitan la ilusión por la gran pantalla.

    Un abrazo guerrero.

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